La
justicia no es una figura a la que se le pueda medir en frecuencia o parámetros
y mucho menos se pretenda agrupar o dividir de acuerdo a la habitualidad de su
espera en los diversos procedimientos que se ventilan en nuestro país y que día
a día se tramitan en los tribunales establecidos en nuestro sistema gubernamental.
El
nombramiento del termino de Justicia Cotidiana a que hace referencia el
presidente de los Estados Unidos Mexicanos, en su discurso que pronunciara el
27 de noviembre del 2014, dentro del mensaje a la nación “por un México en paz
con justicia y desarrollo”- desencadenó que se pretendiera etiquetar que los
asuntos demandados por las mujeres, que los divorcios, los asuntos laborales ,
el cobro de deudas, sean considerados como justicia
cotidiana, donde además se estableció que esta justicia es lenta, compleja
y costosa-
Así
las cosas, estudiosos del derecho se dieron a la tarea de estudiar la figura a
que se hizo referencia por el Jefe de Estado, olvidando que todo proceso- de la
naturaleza que sea (civil, laboral, administrativa, familiar) implica además del
desarrollo procesal, la esperada resolución y que en cualquier materia implica instituciones,
procedimientos e instrumentos que den solución efectiva a los conflictos.
El
engorroso estudio de las causas de falta de eficacia en la impartición de
justicia, deja en incertidumbre al gobernado, pues con una denominación más a
la problemática social pareciera ser una nueva manera de solventar las
deficiencias, sin embargo, la consideración que nos amerita este breve estudio,
no depende de la denominación que se le pretenda dar a los asuntos que implican
las relaciones entre las personas día a día, en la que deja a fuera de la
figura en estudio a los asuntos de derecho penal, pues aunque no se nos procesara por algún ilícito
diario, al igual que en cualquier procedimiento, se espera lo mismo, es decir
lo anhelado por los ciudadanos no es que se le denomine y se atienda los
asuntos cotidianos con eficiencia, sino todos los procedimientos, sea de la
naturaleza que sea, y se ventilen ante una autoridad judicial en materias
civil, laboral, familiar, administrativa, etcétera, se resuelvan en los mejores
términos de eficiencia y eficacia, pues como se ha comentado, lo que se espera
de la justicia no es que se le adjetivice como cotidiana o no, sino que esta
sea pronta, completa imparcial y expedita, tal cual se dejó establecido desde
siempre en nuestra Carta Magna.
En
estos términos es ilógico pensar que exista una justicia cotidiana,
pues forzosamente se tendría que tener por existente la justicia inhabitual o infrecuente,
lo que no es viable, y mucho menos es parte de la solución a la problemática de
la eficiencia de la Justicia.
El
nombre y apellido que se le pretende establecer a la justicia, rompe el valor intrínseco
establecido en la figura – careciendo de efectividad en la solución del
problema social de justicia esperada por cada habitante de este país que se
encuentra inmerso en un juicio.
Por
todo lo anterior cabe concluir que la JUSTICIA aplicada a los diversos procedimientos
instaurados ante los tribunales, implica la espera de la resolución de juicios
de diversas naturalezas, donde es indispensable que los impartidores de
justicia sean personal capacitado, ético, elocuentes, lógicos y estudiosos como para elaborar
resoluciones debidamente fundadas y motivadas con argumentos lógicos jurídicos que
lleven de verdad y por supuesto a la tutela de derechos subjetivos, dirimiendo
controversias, que se le ponen a su consideración, por lo que hay que dejar a
un lado si se trata de asuntos cotidianos o no, pues en nada serviría tratar de
establecer si son asuntos frecuentes, cuando el valor buscado es una justicia
de excelencia, independientemente del tipo de asunto, por lo que lo valioso es
el servicio judicial de nuestros órganos encargados de la impartición de
justicia por conducto de funcionarios establecidos para tal efecto.
No
se trata de hablar de justicia cotidiana, la justicia es única y sus efectos
esperados por conducto de los órganos establecidos por el Estado es que sea rápida,
accesible y no costosa, de manera que los mexicanos podamos acceder con
facilidad.
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